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LA INVALIDEZ DE LOS CONTRATOS VERBALES: Caso McDonals

30 Abr 2020

Los acuerdos verbales o de palabra suponen un problema en caso de desacuerdo. Puede ser que resulte difícil probar su existencia porque una de las partes lo niega, o que ambas acepten su existencia pero estén en desacuerdo respecto al contenido.

En teoría, el contrato verbal es perfectamente válido excepto en los casos en los que la ley obligue a realizarlo en forma escrita o que se haga en escritura pública. Pero en la práctica, plantean un gran problema ya que es complicado probar su existencia en caso de incumplimiento.  

Por eso es aconsejable que para probar su existencia se cuente con testigos, actos, hechos o documentos que puedan demostrar su celebración. Para ver cómo demostrar la validez de un contrato verbal lee este post donde explicamos las maneras admitidas por el derecho para demostrar su existencia en caso de conflicto.

Podemos aprender de las grandes historias como la del contrato de royalties entre los hermanos McDonals y Ray Kroc (el socio que expandió la cadena de franquicias) y ver como en la práctica los acuerdos de palabra pueden ser imposibles de demostrar y pueden suponer una gran pérdida de dinero a largo plazo.

 

El contrato verbal que hoy costaría 300M$ anuales

En la película de “The Founder” que habla de la historia del fundador de McDonals Ray Kroc, aparece este contrato verbal como una de las estrategias que utilizó Ray para ganarse la confianza de los hermanos Mcdonals y que después incumplió. Al no poder éstos demostrar su existencia, el percance les supuso una gran pérdida económica.

Todo empezó con los hermanos McDonals que inventaron el concepto de comida rápida y automatizada en un modesto local en San Bernardino (California). Después se unió Ray que era comercial de maquinas para hacer batidos, y así fue como conoció a los hermanos. Se quedó muy sorprendido al ver su sistema de comida rápida y les propuso encargarse de la expansión de McDonals como franquicia. Aunque McDonals es una empresa muy conocida, su historia no lo es tanto y está llena de detalles inspiradores.

Tras un tiempo trabajando juntos tuvieron diferentes visiones. En el momento de su separación, Ray crea una sociedad nueva y les compra el concepto a los hermanos.

Les ofrece 1 millón de dólares para cada hermano y unos royalties de un 1% anual en los beneficios de la nueva empresa fundada por él. En el momento de la firma, les comenta que prefiere que la cláusula de los royalties no aparezca por escrito y que sea solo de palabra, argumentando que los inversores de la nueva empresa jamás aceptarán si ven algo así en en el contrato escrito. Los hermanos se fían de la palabra de Ray y aceptan no incluir en el contrato el pacto de los royalties de un 1% anual en los beneficios de la nueva sociedad para que sea únicamente verbal. Posteriormente, Ray no cumplió este pacto y ellos no pudieron probar su existencia por no mantenerlo por escrito, a día de hoy estos royalties serían más de 300M$ anuales.

Todos deberíamos aprender tanto de los éxitos como de los errores humanos. Y sin duda esta historia nos enseña lo verdaderamente relevante en los contratos: lo que está escrito. 

 

La importancia de los contratos por escrito

Este solo es uno de los muchos casos que todavía suceden hoy en día, donde los pactos de palabra finalmente quedan en nada. Como consecuencia, aquellos que confiaron o se fiaron de forma inocente no pudieron verse respaldados por la Ley. Podemos evitar estas situaciones cuando nos damos cuenta de que la palabra no es por sí misma algo en los que nos podamos apoyar en el terreno jurídico.

Toda precaución es poca, sobretodo cuando tratamos con amigos y conocidos que insisten en no firmar nada por escrito. Es en estos casos en los que debemos sospechar de que lo único que pretenden es dejar el acuerdo sin efecto en el futuro. La aparente confianza inicial puede traducirse en una gran lesión de derechos futura por lo que lo mejor será siempre la firma de un contrato por escrito.

Volviendo a la historia, puede parecer según como la contemos que los hermanos Mcdonals fueron víctimas de Ray. Pero también es cierto que Ray fue un gran empresario, muy hábil en los negocios y quizá los hermanos no tuvieran tanta ambición o técnica como Ray para expandir el negocio. Ambas visiones se presentan como respetables y esta historia nos inspira a ver el efecto mariposa de nuestras decisiones: un pequeño detalle en la actualidad puede convertirse en algo gigante en el futuro.

Algo en la película “The Founder” nos podría dejar con la sensación de que los hermanos McDonals, verdaderos creadores del concepto, no tuvieron tanta retribución económica como ha tenido él y por tanto fueron víctimas. Pero lo cierto es que fueron ellos lo que permitieron que el pacto que les iba a reportar una retribución económica de por vida fuera de palabra y no apareciera por escrito. Ellos podrían haberlo evitado si hubieran hecho valer sus derechos en ese momento. Desde el punto de vista jurídico, aceptaron el riesgo de no poder demostrarlo en el futuro.

 

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