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La Propiedad Intelectual en la obra audiovisual

12 Dic 2017

Recapitulando el tema de la propiedad intelectual, hoy nos centraremos en su relación con las obras audiovisuales.

 

La propiedad intelectual es el conjunto de derechos de autores o productores respecto de un bien inmaterial, que será la obra o producto de su creación. Está integrada por derechos de carácter personal y patrimonial, que atribuyen al autor la plena disposición y el derecho exclusivo a la explotación de la obra, sin más limitaciones que las establecidas en la Ley. En todos ellos, lo que se protege es la forma de expresión, no la idea. Es decir, todo tipo de creación intelectual en cualquier tipo de soporte.

La propiedad intelectual protege la obra audiovisual, siendo esta la creación artística en la que se plasma la originalidad y la personalidad de su autor, realizada a través de imágenes asociadas, con o sin sonido, y cuyo destino esencial es ser mostrada a través de aparatos de proyección o cualquier medio de comunicación.

Esta obra de creación original aparece entre las protegidas por la Propiedad Intelectual, como podemos comprobar en el apartado d) del artículo 10 del TRLPI (Texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual):


“ Artículo 10. Obras y títulos originales.
1. Son objeto de propiedad intelectual todas las creaciones originales literarias, artísticas o científicas expresadas por cualquier medio o soporte, tangible o intangible, actualmente conocido o que se invente en el futuro, comprendiendo entre ellas:
a) Los libros, folletos, impresos, epistolarios, escritos, discursos y alocuciones, conferencias, informes forenses, explicaciones de cátedra y cualesquiera otras obras de la misma naturaleza.
b) Las composiciones musicales, con o sin letra.
c) Las obras dramáticas y dramático-musicales, las coreografías, las pantomimas y, en general, las obras teatrales.
d) Las obras cinematográficas y cualesquiera otras obras audiovisuales.
e) Las esculturas y las obras de pintura, dibujo, grabado, litografía y las historietas gráficas, tebeos o comics, así como sus ensayos o bocetos y las demás obras plásticas, sean o no aplicadas.
f) Los proyectos, planos, maquetas y diseños de obras arquitectónicas y de ingeniería.
g) Los gráficos, mapas y diseños relativos a la topografía, la geografía y, en general, a la ciencia.
h) Las obras fotográficas y las expresadas por procedimiento análogo a la fotografía.
i) Los programas de ordenador. ”


 

TRLPI y obras audiovisuales:

El título VI del texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual, titulado “obras cinematográficas y demás obras audiovisuales” contiene la normativa a seguir para poder proteger los derechos de dichas obras.

El artículo 86, el primero del capítulo, define las obras como “las creaciones expresadas mediante una serie de imágenes asociadas, con o sin sonorización incorporada, que estén destinadas esencialmente a ser mostradas a través de aparatos de proyección o por cualquier otro medio de comunicación pública de la imagen y del sonido, con independencia de la naturaleza de los soportes materiales de dichas obras.”


El siguiente artículo 87, delimita quienes serán considerados como autores de la obra audiovisual. Estos serán:
- El director-realizador;
- Los autores del argumento, la adaptación y los del guión o los diálogos, y
- Los autores de las composiciones musicales, con o sin letra, creadas para la obra.

No se nombra entre los posibles autores al productor, que es quién organiza y financia la producción y la explotación de la obra audiovisual. Estos personajes no serán considerados autores (a no ser que reúnan alguna de las anteriores características), pero son necesarios para que la obra audiovisual pueda producirse. Por ello, aparecen en el artículo 88, llamado “presunción de cesión en exclusiva y límites”.
En este artículo aparece el contrato de producción de la obra, por el cual se presumen cedidos en exclusiva al productor, con ciertas limitaciones, los derechos de reproducción, distribución y comunicación pública, así como los de doblaje o subtitulado de la obra. Es decir, se presumen cedidos al productor los derechos de explotación, conservando siempre para sí el autor los derechos morales.
No obstante, en las obras cinematográficas será siempre necesaria la autorización expresa de los autores para su explotación.

 

El siguiente artículo número 89 continúa con la presunción de cesión de derechos, en el caso de que se trate de una transformación de obra preexistente que no esté en el dominio público. En este caso, se presumirá que el autor de la misma cede al productor de la obra audiovisual los derechos de explotación sobre ella. Además, “salvo pacto en contrario, el autor de la obra preexistente conservará sus derechos a explotarla en forma de edición gráfica y de representación escénica y, en todo caso, podrá disponer de ella para otra obra audiovisual a los quince años de haber puesto su aportación a disposición del productor”.
La duración de los derechos del productor es de cincuenta años a partir del año siguiente a la realización de la obra audiovisual.

 

El artículo 90 trata sobre la remuneración de los autores de la obra audiovisual por la cesión de los derechos mencionados: Cuando los autores suscriban con un productor audiovisual contratos relativos a la producción, “se presumirá que, salvo pacto en contrario en el contrato y a salvo del derecho irrenunciable a una remuneración equitativa, han transferido su derecho de alquiler”.

El autor conservará el derecho irrenunciable a obtener una remuneración equitativa por el alquiler de los mismos.

En todo caso, cuando la obra audiovisual sea proyectada en lugares públicos mediante el pago de un precio de entrada, los autores también tendrán derecho a percibir de quienes exhiban públicamente dicha obra un porcentaje de los ingresos. Y los empresarios de salas públicas o de locales de exhibición deberán poner periódicamente a disposición de los autores las cantidades recaudadas en concepto de dicha remuneración.

La proyección o exhibición sin exigir precio de entrada y la transmisión al público por cualquier medio o procedimiento, también dará derecho a los autores a recibir la remuneración que proceda. Estos derechos, son irrenunciables e intransmisibles “inter vivos”.
Con el objeto de facilitar al autor el ejercicio de los derechos que le correspondan por la explotación de la obra audiovisual, el productor, al menos una vez al año, deberá facilitar a instancia del autor la documentación necesaria.

Se recomienda a los autores de obras audiovisuales que incluyan en los contratos de producción una cláusula de reserva de derechos. El hecho de no reservar los derechos de comunicación hace que exista la posibilidad de dejar de percibir los ingresos que les corresponden y quedarse solamente con una parte mucho menor del total.

 

Dispone el artículo 91 que “cuando la aportación de un autor no se completara por negativa injustificada del mismo o por causa de fuerza mayor, el productor podrá utilizar la parte ya realizada, respetando los derechos de aquél sobre la misma, sin perjuicio, en su caso, de la indemnización que proceda”.

Dicha indemnización es para el productor. Es decir, se permite que un autor audiovisual finalice el trabajo que otro se niega o no puede acabar, y ello en defensa de la inversión del productor.

 

Según el artículo 92, se considerará termina la obra audiovisual cuando “haya sido establecida la versión definitiva, de acuerdo con lo pactado en el contrato entre el director-realizador y el productor”. Cualquier modificación de la versión definitiva de la obra audiovisual necesitará la autorización previa de quienes hayan acordado dicha versión definitiva.



El artículo 93 aclara que el derecho moral de los autores sólo podrá ser ejercido sobre la versión definitiva de la obra audiovisual, de la cual queda prohibida su destrucción.



Por último, el artículo 94 dispone que estas disposiciones serán también de aplicación, en lo pertinente, a las obras radiofónicas.

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